El día de ayer fue un gran día para La Línea, porque se cierra una larga y negra etapa en la política local, la del Gilismo. La política gilista aplicada por el Partido Popular durante 12 años en nuestra ciudad, endeudó sin límites a nuestro ayuntamiento, aprovechando y sobrepasando unas leyes de financiación local sumamente porosas y apoyados en sus mayorías absolutas que le permitió hacer un política populista y demagógica que aunque le ha servido para ir prorrogando su reelección, a medio plazo los ciudadanos le han pasado factura.
El gilismo, se basaba en la toma democrática de las instituciones para el posterior expolio de los recursos públicos con un esquema sencillo basado en la utilización de lo público en beneficio de lo privado. Con tal depravada utilización del dinero público resulto fácil crear una amplia red de estómagos agradecidos, y palmeros que generó un sistema propagandístico con sus voceros incluidos, para crear una falsa sensación de bienestar colectivo
Pero afortunadamente, es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y eso es realmente lo que ha ocurrido con el pueblo, que a la larga se ha dado cuenta de los engaños, de las promesas incumplidas, de las manipulaciones y la demagogia del gilismo.

Por eso el eslogan del Partido Popular en estas pasadas elecciones: Puedes confiar, en esta ocasión y en nuestra ciudad, no era muy oportuno porque la confianza hay que ganársela con hechos.
Aunque intentaron un lavado de cara y pretendieron, que todos los ciudadanos, olvidáramos la posesión gilista del PP durante la última década, la estancia en Bruselas, las manos levantadas en votaciones de plenos, en definitiva de haber sido miembros activos del equipo de gobierno, que nos ha llevado a esta situación de ruina, les fallo la estrategia.
Tampoco fue muy afortunado el No vayamos con el paso cambiado. Porque precisamente, lo que demandaban los ciudadanos era eso, cambiar, dejar atrás, la prepotencia, el amiguismo, las condenas judiciales y la política como negocio, que ha acabado con el poco patrimonio que tenía la ciudad y ha sumido las arcas municipales en una deuda gigantesca.
Resulta evidente que a partir de ahora los tres partidos que han hecho posible el desalojo del ayuntamiento de quienes han llevado a la ruina la ciudad. Tendremos que dialogar y buscar soluciones -que supeditadas siempre al interés general- deberían ser un factor clave para transmitir confianza a quienes buscan referentes de progreso. Esta es una de esas ocasiones en que se demuestra de una manera terminante que la política debe ser la herramienta democrática para que la actividad del Ayuntamiento, responda a criterios de decencia, transparencia y del interés general. Es hora de cambiar, de favorecer que los ciudadanos y colectivos, participen y expongan, sus preocupaciones, sus inquietudes y sus propuestas. Cada decisión deberá ser debatida, buscando la unanimidad o el mayor cercamiento posible, y así dar cabida a las opiniones de los ciudadanos en las decisiones adoptadas dentro del Ayuntamiento.

La primera medida del nuevo equipo de gobierno debiera ser, concretar la reducción el número y el coste de concejales liberados. En periodos de crisis económica los primeros en dar ejemplo hemos de ser los políticos. La segunda es valorar de manera objetiva a los miembros de la plantilla con alguna responsabilidad importante dentro del ayuntamiento y -de acuerdo con los procedimientos administrativos que resulten aplicables- proceder a los cambios oportunos. Del acierto en estas dos primeras medidas dependerán en buena medida la credibilidad y el funcionamiento del ayuntamiento.
La tercera, necesidad imperiosa es el encargo urgente de una Auditoria, que junto a una investigación interna en cada departamento revele con claridad, el alcance de la deuda real, y si fuera necesario por detectarse irregularidades, la exigencia por todos los medios posibles de las oportunas responsabilidades.



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